Médicos que Hablan

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Hay empresas e instituciones que contratan voceros de prensa. En el caso de los hospitales y sanatorios, estos funcionarios se encargan de la relación con los parientes de los enfermos, los deudos y los medios de comunicación; y aunque puede suponerse que es una tarea superflua e inútil, a veces queda palmariamente expuesto lo contrario.

La necesidad de tener un vocero de prensa fue evidente, por lo menos a mi criterio, el día sábado 2 de enero de 2010 en el hospital Hospital de Urgencias de Córdoba.

silencio-hospital1El Jefe de Urgencias declaraba ante los medios que se le pusieron delante sobre dos de los pacientes ingresados luego del primer accidente en el Rally Dakkar 2010. Uno gravísimo (que luego murió) y otro con politraumatismos y quebraduras expuestas. Creo que esa es toda la información que se debía dar a pesar de las presiones e insistencias de los periodistas. A pesar de lo que yo pueda creer, el Dr. Brusa informó que la paciente ingresada era un NN, pero dio el nombre completo del paciente politraumatizado. Yo espero que la policía le haya informado al médico que ya podía dar el nombre del paciente porque ellos ya se habían comunicado (previamente) con la familia del enfermo, y que éstos estaban de acuerdo con dar a publicidad el nombre de su familiar. Si esto no fue así, supongo que iniciarán la demanda judicial correspondiente. Paradójicamente, los familiares de la paciente que falleció estaban también internados por haber sido víctimas en el mismo accidente.

Un par de temas más me llamaron la atención en este caso. El Jefe de Urgencias dijo que el estado de la paciente era jul09_01desesperante y que “estábamos trabajando denodadamente” para salvarle la vida, pero el tipo estaba saliendo por la tele y hablando para la radio. Si eso es trabajar denodadamente… La paciente tan grave no debía estar, dado que el hospital se estaba dando el lujo de prescindir del Jefe de Urgencias (se supone que es el médico más capacitado). Pero la paciente estaba grave y el médico en lugar de colaborar son sus colegas para salvarle la vida estaba hablando para los medios. Hay algo que me hace mucho ruido.

La segunda es, quizás, la más preocupante. El médico, al despedirse del cronista de Radio Rivadavia dijo “Dios nos ayude”. No tengo absolutamente nada contra un médico creyente, ni nada contra ningún trabajador que encomiende su trabajo al Señor, ni que se inspire en él. Pero yo quiero un médico que me cure en contra de la opinión de Dios y del diablo, que mientras esté con la bata puesta piense que él es Dios, que tenga fe en la ciencia, en el hombre, en la industria farmacéutica y en la capacidad del ser humano de curarse. Pero bueno, yo soy tan poco médico como creyente. Me permito humildemente sugerir a quien se tiente con los micrófonos de la fama que mire a la enfermera de la foto y le dé un nuevo significado al desgraciado lema de la dictadura “el silencio es salud”.

pic Un capítulo aparte para el pobre tipo que se llevó puestos a 5 espectadores que estaban parados en una zona donde no tenían que estar. El auto del alemán Mirco Schultis número 418 del equipo Rally Raid International, se salió de la pista y embistió al público que estaba en una zona no permitida. Dicen que “el piloto estaba desconsolado luego del accidente y se quedó en el lugar hasta la llegada de los helicópteros y las ambulancias”. Luego, abandonó la carrera.

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Comentarios

Ya ni sé para que opino, opino lo mismo que usted. Mientras, opino. Lo que me hace ruido es ese ente multiforme y perverso llamado “la opinión pública”, detrás de la cual un cronista saca el micrófono y hace que todos pierdan la razón.

En referencia al artículo y al comentario anterior; creo que la “opinión pública” tiene sus límites tan bien marcados como el “sentido común”, o porque no, “el ciudadano promedio”. Desde mi punto de vista, el sentido común hubiese indicado que esos ciudadanos promedios no estuviesen parados allí, y que la opinión pública fuese un poco más tímida y reservada.
La tragedia -además de recordarme que soy chicato- resaltó lo estrafalario de lo común, lo anormal de un promedio, y las semejanzas de público con lo anónimo. Tal vez sólo sea un modo de no aburrirse. Saludetes.

La situación planteada tiene la complicación de la realidad: un grupo de gente parada donde no correspondía. Un automovilista cegado por el polvo dejado por su competidor, maniobrando tranquilo, presumiento que no había nadie. Ahí lo imprevisible. Una vez que se cambia de escenario y las víctimas llegan al hospital, tendríamos que pasar a otro protocolo, el de la previsibilidad. Se supone que en un hospital hay enfermos y que alguien tiene que dar explicaciones. Ese alguien debe estar preparado para enfrentar la grosería y prepotencia de la que hacen gala algunos profesionales del periodismo y el amor al micrófono que súbitamente desarrollan algunos que quedan espuestos: los 15 minutos de fama. Eso, que debe ser planificado institucionalmente, no puede fallar; y de algún modo, es lo que estoy puntualizando.
Por otro lado, le agradezco su colaboración y la de su predecesor, que sólo mejoran este modestísimo blog.

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